Blog #5 (2/2) - La memoria viva de Saúl Cantoral
- Gabriel LAUDE
- 15 feb 2024
- 17 Min. de lectura
Actualizado: 21 feb 2024

En esta carta, le cuento a Judith la segunda parte de mi viaje de iniciático tras las huellas de Saúl Cantoral, líder histórico y mártir del proletariado minero peruano. Junto a su familia, pude participar en las ceremonias conmemorativas organizadas en torno al 13 de febrero en las localidades de Nazca y Marcona, en la costa sur peruana. En esta ocasión, he podido apreciar la memoria viva de Saúl Cantoral que perdura en las personas que lo conocieron, además de conocer un pueblo en forma de enclave que parece haber quedado detenido en el tiempo...
Lima, jueves 15 de febrero de 2023
Querida Judith,
Espero que te encuentres bien. Me gustaría dedicarte esta carta para agradecerte el apoyo incondicional que me brindas y que me ha ayudado a seguir adelante y a creer en mis proyectos. Además, sé que tu cumpleaños fue hace poco y que has pasado por momentos delicados últimamente, por eso he querido hacerte este modesto obsequio.
Después de contarle a mi tío Stéphane mi descubrimiento de Nazca junto a la familia Cantoral en mi primera carta, me gustaría compartir contigo la segunda parte de este viaje iniciático tras las huellas de Saúl Cantoral, mártir del proletariado minero peruano. De este manera, me gustaría hablarte de los homenaje celebrados primero en Nazca y luego en Marcona, localidad donde se encuentra la empresa minera en la que trabajó Saúl Cantoral entre 1975 y 1989, y donde dirigió el sindicato de trabajadores. Este enclave situado "entre el hierro y el mar" en la costa sur de Perú es una ciudad singular que es testigo elocuente de la historia reciente de Perú.
Lápidas singulares
En la mañana del domingo 12 de febrero, víspera del aniversario de la muerte de Saúl Cantoral y Consuelo García, se celebró una ceremonia íntima en el cementerio de Nuestra Señora del Carmen de Vista Alegre, donde está enterrado Saúl junto a sus padres Patrocinio y Elisa. La tumba de Saúl se encuentra ligeramente a la izquierda al entrar en el cementerio. Está bajo una estructura de color rosa coral que forma como un pequeño refugio. Frente a ella, una estela reza "Saúl Isaac Cantoral Huamaní Mártir del proletariado minero fallecido: 13-02-89". Luego, una vez abierta una pequeña puerta metálica, se llega a dos tumbas contiguas. A la izquierda está la de Patrocinio Cantoral y Elisa Huamaní, los padres de Saúl, y a la derecha la de Saúl Cantoral. La lápida de la derecha me atrae inmediatamente la mirada. Es una magnífica pieza de mármol negro que desprende algo parecido al magnetismo. Además, está coronada por un epitafio que despierta en mí una admiración teñida de gravedad:
« El enemigo
No nos podrá callar
Y si por está causa
Hay que morir
Gustoso la ofrendaría »
Saúl Cantoral nunca dejó de encarnar esta admirable consigna, y trágicamente lo pagó con su vida. ¿Es la muerte la única alternativa para quienes luchan contra la injusticia en el Perú? Permanezco pensativo durante un largo rato. Cuando despierto de mi letargo, miro la tumba de los padres de Saúl. Un detalle me llama la atención. La fecha de la muerte de Elisa, la madre de Saúl: 17-08-1989. Sólo seis meses después de la muerte de su hijo... El vínculo entre estos dos acontecimientos es evidente y atestigua el inmenso sufrimiento vivido por la familia Cantoral durante este periodo.
A la ceremonia asisten los hermanos y hermanas de Saúl, su viuda Mélida, su hijo Ronny, otros familiares y amigos del sindicato de trabajadores de Marcona. Se pronuncian unas palabras solemnes en memoria de Saúl, de su trágico asesinato y de la impunidad que persiste respecto al juicio de sus verdugos. El acto finaliza con un compartir y una foto de grupo para inmortalizar este momento de convivencia. Hacía cuatro años que no se organizaba un homenaje debido a la situación sanitaria. "Antes de la pandemia", me cuenta Ulises con nostalgia, "los homenajes a Saúl eran verdaderas fiestas multitudinarias. Un número impresionante de personas acudían a homenajear a Saúl, desde familiares y conocidos hasta vecinos del barrio, autoridades e incluso famosos cantantes andinos que venían de manera voluntaria para cantar en su honor. La afluencia de público era tal que había que cerrar el acceso a la calle donde la gente celebraba toda la noche. Estas celebraciones también contaban con presentaciones de danza y música tradicionales, como sikuris y danzantes de tijera, así como declamaciones de poemas de César Vallejo, el gran poeta nacional de Perú. Este año, la familia Cantoral decidió celebrar una ceremonia más íntima debido al contexto político particular que afecta al país desde finales de 2022, lo que hace imprevisible la organización de eventos de este tipo [1]. La ceremonia termina con un enérgico grito de Ulises, que es coreado por el público:
« ¡Compañero Saúl Cantoral!... ¡Presente!
¡Compañero Saúl Cantoral!... ¡Presente!
¡Ahora!... ¡Y siempre!
¡Ahora!... ¡Y siempre !
¡Con tu ejemplo!... ¡Venceremos!
¡Con tu ejemplo!... ¡Venceremos!
¡Cuando un revolucionario muere!... ¡Nunca muere!
¡Cuando un revolucionario muere!... ¡Nunca muere! »
Fotos de Luis Fernando Cantoral.
Saúl Cantoral, una memoria viva
Tras la ceremonia, todos se dirigen a la casa de los Cantoral, que se encuentra a pocos minutos a pie del cementerio. Allí, amigos de la familia han preparado un almuerzo para los invitados. Se comparten cervezas y se entabla conversación mientras comienza un pequeño concierto. En el camino de vuelta, conozco a Eduardo, uno de los antiguos compañeros de Saúl del sindicato de trabajadores de Marcona. Mientras charlamos, me cuenta algunos de sus recuerdos más entrañables: "Recuerdo una vez que estábamos en el salón del sindicato con otros dirigentes, charlando y relajándonos. Entonces entró Saúl y, al vernos así, arremetió contra nosotros. Nos dijo que un dirigente debe estar siempre activo y si no tiene nada que hacer, debe leer para formarse y elevar su nivel político." Así era Saúl. Para él, un dirigente tenía que estar totalmente comprometido con su misión de representar y defender los intereses de los trabajadores. No era ningún privilegio o pasatiempo". A medida que avanza la tarde, tengo ocasión de hablar con varias personas cercanas a Saúl, que me cuentan anécdotas elogiosas sobre él: « Ha sido un sindicalista completo, un aborto de la naturaleza, cada cien años aparece uno así. » Aunque mi formación de historiador me obliga a mantener una distancia crítica con estos relatos, que contribuyen a formar una suerte de leyenda heroica a posteriori, me resulta imposible no ver en ellos una cierta autenticidad que reside menos en el propio discurso que en la profunda emoción que despierta en cada una de las personas con las que hablo.
Poco a poco, voy esbozando un retrato imaginario de Saúl. Cobra vida a través de mis pensamientos. Lo que surge regularmente en boca de las personas que le conocieron es su carácter imponente. "Chalo" para sus hermanos y hermanas, o "Ringo" [2] para sus compañeros del sindicato, tenía una personalidad que no dejaba indiferente a nadie. Su hermano Ulises me cuenta: "Mi hermano siempre tenía una mirada bien triste y hablaba muy poco, pero sabía dirigirse a la gente y hablarles en términos sencillos que pudieran entender. Por eso era tan popular y se ganaba el apoyo de la gente, más allá de los mineros". Belicoso e inquieto en su juventud, supo canalizar esa energía vital al servicio de algo más grande que él. Saúl era también amante de su tierra natal de Saisa, comunidad campesina del departamento de Ayacucho, y de las melodías tradicionales de sus huaynos, aunque siempre fue torpe a la hora de bailar, lo que hacía reír mucho a sus familiares. Su muerte dejó un enorme vacío no sólo para su familia, sino también para todos los mineros que habían depositado en él sus esperanzas de un mundo más justo.
Hoy en día, Saúl Cantoral ha sido completamente olvidado por la memoria oficial. Sólo unos pocos lugares siguen llevando su nombre: una calle de Nazca, un barrio de San Juan de Lurigancho -un distrito en la parte noreste de Lima-, algunas escuelas públicas y una asociación de educación popular, la Escuela Saúl Cantoral. Ese día me di cuenta de lo mucho que representaba la figura de Saúl Cantoral para quienes lo habían conocido y, en consecuencia, tomé conciencia de la magnitud de la tarea que me corresponde a mí y a otros: la de recuperar la memoria heroica de Saúl Cantoral y de la lucha de los mineros peruanos para que su ejemplo no caiga en el olvido y pueda inspirar a las futuras generaciones y a todos los peruanos empeñados en construir un país más justo.
San Juan de Marcona, una ciudad-empresa detenida en el tiempo
En la mañana del 13 de febrero, aniversario de la muerte de Saúl Cantoral y Consuelo García, visitamos por última vez la tumba de Saúl con su hermano Ulises y su esposa Maura. Por casualidad, nos encontramos cara a cara con los dirigentes del sindicato de trabajadores de Marcona, que habían venido a depositar flores y rendir homenaje a su histórico líder. Charlamos brevemente con ellos y quedamos en reunirnos por la tarde para la ceremonia organizada por el sindicato.

A primera hora de la tarde, partimos hacia San Juan de Marcona con Ulises y Maura. Desde Nazca, la carretera atraviesa una llanura desértica durante casi una hora, en la que nos cruzamos con un desfile de camiones que realizan este trayecto a diario para transportar el mineral de hierro extraído de la mina de Marcona hasta la capital. Finalmente, tras una serie de curvas, el océano se perfila en el horizonte, señal de que estamos por llegar. Mi primera impresión de Marcona es contrastada. Antes de venir aquí, pensaba que el mundo industrial y minero estaba ineludiblemente ligado al entorno urbano, pero para mi gran sorpresa, descubro una ciudad industrial al borde del mar. En cierto modo, podría decirse que Marcona se encuentra "entre el hierro y el mar", como resume el título de un fascinante documental de 2020 que retrata la ciudad desde el punto de vista de sus habitantes.
Nada más llegar, nos dirigimos al edificio del sindicato de trabajadores. Por el camino, me llaman la atención las huellas dejadas por el pasado y el presente de la minería en el paisaje urbano de Marcona. En cierto modo, la ciudad de Marcona parece una ciudad-empresa [3] detenida en el tiempo.
La historia de la minería en Marcona comenzó en 1953, trayendo consigo un importante crecimiento de lo que antes era una simple aldea de pescadores. Tras la adopción de un nuevo código minero favorable a la inversión extranjera en 1950, se constituye la empresa estadounidense Marcona Mining Company, que obtuvo la concesión del yacimiento de hierro de Marcona. Para estabilizar y controlar la mano de obra, la empresa construye rápidamente un campamento minero inspirado en las ciudades-empresas americanas (“company-towns” en inglés). En aquella época, el campamento minero de Marcona, como la mayoría de las ciudades-empresa, se caracterizaba por una segregación espacial que reproducía la estratificación social imperante en la empresa. En términos sencillos, los obreros, empleados y miembros del staff [4] estaban separados geográficamente, y sus viviendas diferían en tamaño y comodidades en función del estatus social que ocupaba cada uno de estos grupos dentro de la empresa. Además, esta organización del espacio urbano también estaba impregnada de una dimensión imperialista o colonial, ya que los miembros del personal eran todos americanos blancos, mientras que los trabajadores y sus familias eran en su mayoría peruanos de origen andino que habían abandonado la agricultura y emigrado a la costa para aprovechar las nuevas oportunidades económicas que ésta ofrecía. Curiosamente, la mayoría de estas viviendas de trabajadores construidas a principios de los años 50 siguen en pie hoy en día. Llama la atención ver estas hileras de viviendas idénticas en colores desgastados, algunas de las cuales están cayendo en el abandono por no haber sido nunca renovadas.
Ironía del destino, mi madre me contó que estuvo a punto de mudarse a Marcona con su familia en los años sesenta, cuando la Marcona Mining Company le ofreció a mi abuelo un puesto de trabajo en el departamento jurídico de la empresa. Mi abuelo estaba decidido a aceptar la oferta, pero mi abuela se opuso porque no estaba dispuesta a dejar Lima para irse a vivir a un campamento minero aislado y, además, no quería que sus hijos interrumpieran sus estudios en el liceo francés de Lima, donde recibían una educación francesa y peruana.
Llegando al sindicato, me encuentro con una pared pintada con el lema "Saúl Cantoral Presente Con Tu Ejemplo Venceremos", primera huella de la memoria viva de Saúl Cantoral en Marcona. La sede del sindicato es un viejo edificio que no parece haber cambiado desde su fundación en 1957. Una vez dentro, se entra en una sala grande y algo impersonal. Unas cuantas fotos de antiguos dirigentes ya fallecidos están pegadas en hilera en la pared, junto con dos fotos enmarcadas de Saúl Cantoral. Encima de la entrada, aparece la famosa cita de Bertolt Brecht:
« Los hombres que luchan un día son buenos
Los hombres luchan un año y son mejores
Pero aquellos que luchan toda una vida son imprescindibles »
De un patio trasero a otro
Sin embargo, a pesar de que la mayoría de los edificios parecen pertenecer a una época pasada, la historia de la minería se escribe en el tiempo presente en Marcona. Los autobuses naranjas con la inscripción "Shougang Hierro Perú" que circulan continuamente por Marcona para transportar a los trabajadores a la mina situada a media hora al norte de la ciudad, y los carteles con la inscripción "Concesión Shougang Hierro Perú" que salpican el casco urbano, son un recordatorio de esta realidad presente.

Shougang Hierro Perú es el nombre de la empresa china que se adueño de la explotación del yacimiento de Marcona en 1992, tras un periodo bajo control estatal. La estadounidense Marcona Mining Company, que había iniciado la explotación del yacimiento en los años 50, fue nacionalizada por el gobierno militar del general Velasco en 1975, junto con un gran número de empresas consideradas estratégicas para el desarrollo económico del país, convirtiéndose así en la empresa estatal Hierro Perú. Finalmente, la llegada al poder de Alberto Fujimori en 1990 marcó el inicio de un giro neoliberal que condujo a una serie de privatizaciones de empresas estatales, empezando por Hierro Perú en 1992.
La adquisición de Hierro Perú por una empresa china suscitó grandes esperanzas entre los trabajadores, que veían a China como un país socialista. Sin embargo, no tardaron en desilusionarse. Pocos meses después del cambio de propietario, más de 1.200 trabajadores fueron despedidos. Los puestos que quedaron vacantes fueron ocupados por grandes contingentes de trabajadores chinos, mientras que la mayoría de los trabajadores peruanos recontratados por la empresa lo fueron a través de empresas de contrata, reduciendo así sus derechos sociales y debilitando considerablemente la organización sindical que antaño fue un verdadero bastión del sindicalismo minero peruano. Desde entonces, la gestión de la empresa se ha caracterizado por una feroz intransigencia hacia las reivindicaciones de los trabajadores, lo que ha contribuido a exacerbar la conflictividad social en Marcona. Durante la pandemia de Covid-19, por ejemplo, la empresa se negó a cualquier forma de suspensión o reducción de su actividad con el aval del Estado, prefiriendo confinar a los trabajadores en tiendas improvisadas que no cumplían las medidas de protección sanitaria, lo que provocó una tasa de mortalidad especialmente elevada entre los trabajadores de la empresa. Naturalmente, la empresa no reconoció ninguna responsabilidad, culpando a la negligencia de los propios trabajadores.
Por otra parte, las relaciones entre la población de Marcona y la empresa no ha sido mucho mejor. Shougang tiene el monopolio de la gestión del agua, que se niega a revertir al municipio, y da prioridad al abastecimiento de sus directivos -en su mayoría chinos- y de las instalaciones de la empresa, mientras que el resto de la población sólo tiene acceso al agua corriente durante unas horas al día. Por último, los desechos contaminantes de las explotaciones mineras afectan a la salud de la población y al medio marino, y ponen en peligro las actividades de los pescadores. Estas prácticas arcaicas han convertido a Marcona en un auténtico enclave chino que nada tiene que envidiar al periodo de hegemonía estadounidense, lo que hace que algunos sientan nostalgia de tiempos pasados. Un estribillo común durante mi estancia fue que "los chinos son mucho más explotadores [que los estadounidenses], ¡no les importa un carajo!".
En cierto modo, la pequeña ciudad portuaria de Marcona representa una versión condensada de la historia contemporánea de Perú, en la medida en que ha pasado por tres tipos sucesivos de dominación que han caracterizado la economía peruana: la dominación estadounidense, la dominación del Estado peruano y, por último, la dominación china. En los últimos años, la hegemonía china ha ido desplazando paulatinamente a la estadounidense, como demuestra la construcción del "megapuerto" de Chancay por una empresa china en la costa norte de Perú, que está llamado a convertirse en el mayor puerto y centro logístico de la costa pacífica de Sudamérica.
Cada una de estas tres épocas ha dejado su huella en la ciudad. Sin embargo, como en muchos casos de enclaves extractivos, los beneficios de la minería sólo han beneficiado de manera muy marginal a la población de Marcona, sea cual sea el tipo de dominación de que se trate.
Un baile con tintes revolucionarios
Después de estas breves pinceladas sobre la historia y el presente de Marcona, me gustaría terminar esta carta volviendo a la memoria de Saúl Cantoral y al homenaje que se le rindió en Marcona. Una vez pasada la sede sindical, nos dirigimos hacia el centro de la ciudad para asistir al homenaje a Saúl Cantoral organizado por el sindicato obrero de Marcona. De camino, pasamos por el ayuntamiento, cuya modernísima arquitectura y fachada acristalada desentonan con el resto de la ciudad. Un puente saliente e inútil, por lo que se ve, une el ayuntamiento con la plaza central de Marcona. Una vez pasada la municipalidad, llegamos al monumento a Saúl Cantoral, una imponente estatua que se alza en medio de una pequeña plaza. La estatua representa a Saúl Cantoral, mirando al horizonte y levantando el puño derecho en actitud combativa. La placa conmemorativa indica que la escultura fue donada el 13 de febrero de 2003 por "los hermanos de Siderperú", la principal empresa siderúrgica del Perú. La estatua está rodeada de dibujos murales que representan la fauna y la flora de la región, y del siguiente texto breve: "Saúl Cantoral, líder del proletariado. Luchó por los derechos de los mineros. Sin lucha no hay victoria".
Al final de la tarde, los dirigentes sindicales se afanan en preparar la ceremonia, mientras una pequeña multitud se acerca poco a poco. En el transcurso, conozco a Samuel Chan, un antiguo minero de Hierro Perú descendiente de inmigrantes japoneses, y a su esposa Alicia, una simpática pareja con entrañables recuerdos de Saúl. Tras los discursos de rigor y algunos números artísticos, la ceremonia se cierra con un concierto de música tradicional de Ayacucho, la región natal de la familia Cantoral. A pesar del ambiente solemne que reinaba hasta entonces, varias personas del público se levantan y se ponen a bailar, y el ambiente se vuelve festivo. Me sorprendí gratamente al ver que Samuel, a pesar de su avanzada edad, era uno de los primeros y más entusiastas en bailar el huayno, una melodía tradicional andina que se baila golpeando enérgicamente el suelo con el pie. A pesar de mi torpeza inicial, acabé uniéndome también al baile, entusiasmado por la euforia colectiva que se desplegaba ante mis ojos. Bajo la estatua se forma un círculo jovial e intergeneracional al ritmo del huayno andino. Imagino a Saúl feliz al ver esta expresión colectiva de alegría en su honor, y al son de las melodías de su tierra natal que tanto amó. Él debe saber mejor que nadie que la alegría, al igual que la melancolía, es un sentimiento eminentemente revolucionario que debe cultivarse colectivamente a la espera del Grand Soir (la Gran Noche)...

Foto de Luis Fernando Cantoral.
Con esta alegre nota termina el relato de mi viaje iniciático tras las huellas de Saúl Cantoral. Como te habrás percatado, este viaje fue un momento decisivo en mi reflexión respecto a mi tesis de maestria. Sentir la memoria viva de Saúl Cantoral y de la lucha de los mineros peruanos reforzó la convicción que tenía de la pertinencia del tema de mi tesis, e incluso su eminente necesidad, pues estoy profundamente convencido de que la memoria de las luchas del pasado alimentan las luchas del futuro.
P.D. Tuve la suerte de poder volver a Nazca este año para acompañar nuevamente a la familia Cantoral durante el homenaje a Saúl, el 13 de febrero. Tuve la satisfacción de comprobar que éramos más que el año anterior, lo que llevó Ulises a decir que "el cholo Saúl no ha perdido su capacidad de convocatoria a pesar del paso de los años".

Foto de Yacob Ica.
Agradecimientos
Mi más sincero agradecimiento a la familia Cantoral por acogerme en Nazca y permitirme asistir a estas íntimas conmemoraciones. También quiero dar las gracias a Pajarito, amigo y vecino de la familia Cantoral en Nazca, que amablemente accedió a que me alojara con él durante mi estancia. Por último, quiero dar las gracias a Carlos Portugal por haberme puesto en contacto con Ulises y por su inestimable ayuda a lo largo de mi trabajo de campo en Perú.
Apéndice - Breve historia de las huelgas nacionales mineras lideradas por Saúl Cantoral en 1988-89
En 1988 y 1989, en medio de una profunda crisis económica y de un conflicto armado interno, los mineros peruanos, bajo la dirección de la Federación Nacional de Trabajadores Mineros (FNTMMSP) y de su secretario general, Saúl Cantoral, se movilizaron masivamente para exigir la negociación por rama de todo el sector minero a nivel nacional. Con esta reivindicación esperaban unificar las condiciones de vida y de trabajo de los trabajadores mineros de todo el país. En consecuencia, se paralizó casi todo el sector minero, unos 80.000 trabajadores, lo que provocó pérdidas masivas para el Estado y la economía peruana, cuyos recursos mineros representan casi la mitad de las exportaciones totales.
La movilización de los mineros se extendió a lo largo de tres secuencias de huelgas distintas, que en conjunto representaron casi 100 días de lucha. El movimiento social comenzó el 18 de julio de 1988 con una primera huelga nacional de un mes de duración, antes de que estallara una segunda huelga en octubre del mismo año, que esta vez duró 57 días. La duración especialmente larga de estas dos huelgas se debió a la intransigencia de la patronal minera, representada por la Sociedad Nacional de Minería y Petróleo, que se negaba a cualquier forma de negociación con los mineros, consciente del mayor poder que supondría una negociación sectorial a escala nacional. Por su lado, el gobierno de Alan García se caracterizó por una posición ambigua, mostrándose favorable a las reivindicaciones de los mineros en sus intervenciones públicas, pero sin actuar de manera concreta para superar el estancamiento de las negociaciones entre bastidores.
Tras dos duras huelgas que condujeron a la aprobación de una Ley de Jubilación Minera que rebajaba la edad de jubilación a 45 años para los mineros que trabajaban en subsuelo, un anhelado objetivo de los sindicatos, la federación minera se preparaba para una tercera oleada de huelgas con el fin de exigir nuevamente la apertura de negociaciones. En este contexto, Saúl Cantoral y Consuelo García fueron cruelmente asesinados por el Comando Rodrigo Franco, se presume, grupo paramilitar a las órdenes del gobierno de Alan García. El asesinato del carismático dirigente de la federación minera supuso un duro golpe para los mineros y sus luchas, y marcó un punto de inflexión en la historia del sindicalismo minero peruano, que desde entonces no ha dejado de decaer.
Para saber más...
Sobre Saúl Cantoral y las luchas del movimiento sindical minero en los años 1970-80 :
Cortometrage documental La marcha de Cantoral de Victor Ybazeta, 2017, https://www.youtube.com/watch?v=WQ-ZjoicIKU
Página de Facebook « Memoria Minera », https://www.facebook.com/MemoriaMinera
Libro de testimonios Entre Guerras. Militancia y activismo sindical minero en las décadas 70 y 80 éditado por Carlos Portugal Mendoza y Alberto Gálvez Olaechea, 2021
Poemario Xaillis contra la muerte de José Luis Ayala y Ulises Cantoral Huamaní, 2022
Sobre el asesinato de Saúl Cantoral y Consuelo García, y el caso judicial posterior contra el Estado peruano:
"Caso crímenes del Comando Rodrigo Franco: Saúl Cantoral Huamaní y Consuelo García", APRODEH, 13 de mayo de 2018, http://www.aprodeh.org.pe/caso-crimenes-del-comando-rodrigo-franco-saul-cantoral-huamani-y-consuelo-garcia/
Claudia Risco, "Tercer juicio oral: El paso del tiempo favorece la impunidad en asesinato de Saúl Cantoral y Consuelo García", Wayka, 15 février 2022, https://wayka.pe/tercer-juicio-oral-el-paso-del-tiempo-favorece-la-impunidad-en-asesinato-de-saul-cantoral-y-consuelo-garcia/
Sobre San Juan de Marcona y la empresa Shougang Hierro Perú :
Shia Inguil, « Julio Ortiz Pinto: “Shougang nos tiene como los trabajadores mineros peor pagados en el país” », El Gran Angular, 17 mai 2019, https://elgranangular.com/blog/entrevista/julio-ortiz-pinto-shougang-nos-tiene-como-los-trabajadores-mineros-peor-pagados-en-el-pais/
Documental Entre el hierro y el mar de Maga Zevallos (2020), https://www.youtube.com/watch?v=wC12obYFlSY
Reportaje “Episodio 5 | Shougang: Reactivación minera a toda costa”, Wayka, https://www.youtube.com/watch?v=R_8udpJuoQI
Notas a pie de página
1. Desde el 7 de diciembre de 2022, fecha en que el Presidente Pedro Castillo fue derrocado y sustituido por su vicepresidenta, Dina Boluarte, se han desarrollado protestas en las principales ciudades del país, especialmente en la sierra, reclamando su restitución en la Presidencia, la convocatoria de elecciones generales y/o la elaboración de una nueva Constitución. Estas manifestaciones dieron lugar a violentos enfrentamientos con la policía, con un balance de más de 60 muertos, concentrados en algunas ciudades del sur del país, especialmente Ayacucho, Andahuaylas y Juliaca. Este contexto dio lugar a un estallido de violencia tanto física como verbal, mientras los medios de comunicación y la clase política se esforzaban por desacreditar a los manifestantes agrupándolos de forma simplista con una multitud guiada por intereses políticos e influenciada entre bastidores por el grupo armado Sendero Luminoso, una estrategia conocida como terruqueo, que se ha utilizado para cortar de raíz cualquier protesta reclamando un cambio social o político desde la década de 1990.
2. Debe su nombre al famoso personaje de películas del Oeste interpretado por Giuliano Gemma en las películas Una Pistola para Ringo (1965) y El Retorno de Ringo (1966), del cineasta italiano Duccio Tessari.
3. Una ciudad-empresa es una ciudad de enclave en la que la mayoría de los habitantes están empleados por una sola empresa y, por tanto, dependen de ella para todos o la mayoría de los servicios necesarios para la vida cotidiana (vivienda, comercios, etc.). Este modelo se desarrolló primero en el siglo XIX en Estados Unidos y Europa para estabilizar la mano de obra. En Perú, las ciudades-empresa hicieron su aparición en el siglo XX con la penetración del capital estadounidense para explotar los recursos petroleros y mineros en Talara, Cerro de Pasco y La Oroya, por ejemplo.
4. El staff era compuesto por los funcionarios de la empresa, la mayoría estadounidenses.





























































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