Blog #2 - ¡Rumbo a Huancayo, rumbo a los Andes!
- Gabriel LAUDE
- 18 oct 2022
- 7 Min. de lectura

Vista de los Andes y de la Carretera Central a través de la ventanilla del autobús hacia Huancayo.
Fotos en desorden
Lima, 28 de agosto de 2022
Querida Clara,
El viernes pasado tomé un autobús a las 7.45 de la mañana para ir, ¿sabes dónde? ¡A Huancayo, en los Andes! No pude pegar ojo durante toda la noche. No te puedes imaginar lo emocionado que estaba. Por fin iba a poder ponerle cara a un nombre: los Andes. Esa cordillera que atraviesa Sudamérica de norte a sur, desde Venezuela hasta Argentina, y que tantas fantasías ha despertado en mí como bien sabes. Después de una buena hora de viaje para salir de Lima la gigante, ya me encuentro en la Carretera Central, la vía principal que une Lima con el centro de Perú y con el departamento de Junín más precisamente. Qué espectáculo ver cómo la niebla limeña va desapareciendo poco a poco para dejar el lugar al sol y a las montañas en la escena que está detrás de la ventana del autobús. Otro Perú se me revela.
Inhalo con ganas y exhalo lentamente para saborear el momento y sentirme plenamente vivo. Al mismo tiempo, pienso, de manera más trivial, que debo aprovechar este momento para respirar todo el aire que pueda antes de que el autobús suba, suba y suba en las alturas andinas. Allí arriba, el oxígeno es cada vez más escaso, y el "soroche" (mal de altura) se acecha. Me han advertido y más de una vez. Todas las personas que encontré me dieron consejos sobre cómo afrontarlo. Me recomendaron, unánimemente, que tomara las famosas pastillas Soroche Pills o alguno de sus equivalentes. Algunos también me aconsejaron que comiera poco y descansara cuando llegara. No podría decirte por qué, pero en realidad no me preocupa mucho este parámetro. ¿Quizás sea inconsciente o demadiaso confiado? Ya veremos... Lo cierto es que me invade una inmensa sensación de felicidad y libertad al darme cuenta de que es la primera vez que viajo solo por el Perú.
Desde mi asiento, miro las montañas que apuntan al cielo y me deleito contemplándolas. Me siento pequeño. Ya he experimentado la altura de las montañas en Francia, pero aquí emana una energía completamente diferente, algo indescriptible. ¿Será la historia y la cultura milenaria de los habitantes de estas montañas lo que les confiere esa fuerza mística? ¿Será su desmesurada altura? ¿Quizás las dos cosas a la vez? Una cosa es cierta, son majestuosas. Ninguna foto puede transmitir la espectacularidad de lo que se presenta ante mis asombrados ojos. Escudriño cada detalle del paisaje que se me ofrece tras el cristal que es como una pantalla de cine, si no mejor. Creo que nunca he visto nada tan hermoso en mi vida.
Pero los Andes no son sólo una naturaleza prístina y salvaje. La presencia humana en estas regiones se remonta a más de 9.000 años. Y desde entonces nunca ha cesado. Así que, para ser justo en mi descripción, también debo hablarte de las huellas de la vida humana que se me han revelado durante este viaje y que me han fascinado igualmente. Pueblos e incluso ciudades enteras encaramadas a casi 4.000 metros de altitud, ¡imagínate! Si he de ser sincero, lo que más me impresionó en las distintas ciudades por las que pasé fue la creatividad desbordante de las fachadas de los restaurantes y las paredes cubiertas de propaganda electoral pintada. Sí, dije pintada, ¡como si fuera arte callejero! Imagínate que las paredes de París estuvieran pintadas con los colores de la RN, LREM o LFI (1), ¡sería increíble! Puede que no me creas, pero incluso he visto símbolos partidistas pintados en la ladera de una montaña, justo en la roca. Me quedé atónito.
Poco a poco, el sueño llama a mi puerta, pero no quiero perderme ni un solo momento de este grandioso espectáculo. Al mismo tiempo, creo que un poco de descanso no sería demasiado para lo que me espera a la llegada. Hay una tranquilidad absoluta en el autobús mientras éste serpentea entre las montañas. Sólo el sonido del ronroneo del motor es un obstáculo para el silencio. Reclino mi asiento a 160 grados y cierro suavemente los ojos. El sol entra por la ventana y me da una sensación de calor muy agradable. Me pregunto por un segundo si así es como se siente el éxtasis, si es que realmente existe. Tal vez pienses que estoy exagerando, pero te aseguro que así es como lo viví. Intensamente.
El autobús avanza lentamente por la Carretera Central. Es una carretera de dos carriles que zigzaguea entre las montañas y hace que los adelantamientos sean peligrosos. No me molesta este aspecto. Así puedo disfrutar de cada segundo de este viaje. Ojalá pudiera durar para siempre. Cuando pienso que sólo estoy al principio de esta aventura y que aún me queda mucho por ver, me lleno de alegría por dentro.
De vez en cuando veo unos raíles pero ningún tren. Extraño. Me enteré de que esta es la ruta del Ferrocaril Central, el segundo tren más alto del mundo que conecta Lima con Huancayo. El punto más alto de su recorrido se encuentra a más de 4.800 metros de altitud en el cruce entre las minas de Ticlio y Morococha. Este es también el punto álgido del viaje por carretera. Al pasar por esta zona, veo una infraestructura impresionante más abajo y un enjambre de personas con chalecos fluorescentes y cascos de protección. Deduzco que se trata de la mina de Ticlio. En la parte izquierda de las instalaciones, los trabajadores de la mina están jugando un partido de fútbol en un campo improvisado. Estoy conmovido e impresionado a la vez. ¿Cómo es posible jugar a semejante altura? ¡Es increíble! Volviendo al tema del ferrocarril, puedes imaginarte que no se construyó para transportar personas sino metales. Naturalmente. ¿Por qué, si no, haber construido uno de los únicos ferrocarriles del país en esta empinada y sinuosa ruta en particular? La construcción de la línea tardó treinta y ocho años. Se inició en 1870, pero no se puso en servicio hasta 1908. Curiosamente, fue Ernest Malinowski, un ingeniero polaco formado en Francia, el responsable de su construcción. O más bien, de la dirección de las obras. La construcción fue llevada a cabo por trabajadores peruanos, a menudo arriesgando sus vidas. Me viene a la memoria esta frase de Walter Benjamin, que adquiere aquí todo su sentido: "No hay documento de cultura que no sea un documento de barbarie" (2).
Hoy en día, la línea ya no transporta metales sino turistas que desean disfrutar de las impresionantes vistas de los Andes. Como un símbolo que revela todas las contradicciones de este país pobre pero inmensamente rico. "Un mendigo sentado sobre un montón de oro", como dijo el erudito italiano Antonio Raimondi en el siglo XIX. Un país inmensamente rico, pero privado de su riqueza por unos gobernantes que la sacrifican en beneficio del exterior. De hecho, todas las grandes obras realizadas en Perú benefician a los extranjeros. Desde las minas destinadas a extraer metales para nuestros Iphones y otros objetos tecnológicos hasta las infraestructuras destinadas a acoger a los turistas. Tanta riqueza que al final no beneficia a los peruanos. No intento adoptar una postura moralizante ni hacerte sentir culpable. Todo lo contrario. Me gustaría más bien informarte, darte a conocer esta injusticia que me indigna profundamente. Espero que ahora entiendas mejor mi fascinación por las minas de Perú. Son para mí un símbolo de la opresión y el saqueo histórico que ha sufrido la nación peruana, su pueblo y sus recursos.
Casapalca, Ticlio, Morococha, La Oroya. Todos son nombres de minas que están en el camino de la Carreterra Central. Había leído todo sobre ellas antes de venir e incluso había tratado de imaginarlas. Pero pasar por estos lugares llenos de historia me remueve por dentro a una magnitud que no podía imaginar. Esta no es la historia con mayúsculas, la de Francisco Pizarro, Simón Bolívar u otros grandes hombres que recuerdan los libros de historia. Pero es la historia de la gente común destinada al olvido, a la "inmensa condescendencia de la posteridad" (3) según la hermosa fórmula del historiador inglés E.P. Thompson. No podría decirte por qué, pero siento que tengo una misión. La de transmitir la memoria de estos hombres y mujeres que producen el valor económico del Perú sin ser reconocidos en su verdadero valor. Creo que esta es una de las razones que me trajo aquí al final.
Siento si me he extendido un poco, pero me ha parecido importante contarte este viaje iniciático con todos sus detalles y compartir contigo todas las emociones que he vivido. Pienso mucho en ti y en los amigos, dales un beso de mi parte. Aunque los eche mucho de menos, creo que he tomado la decisión correcta al venir aquí. Tengo que terminar esta búsqueda interior antes de poder volver entre vosotros. Te beso con dulzura.
Gabriel
P.D. Si no te he contado mi estancia en Huancayo es porque temía aburrirte por ser demasiado largo. Dejaré la historia de este episodio para una próxima carta en la que pueda extenderme más, porque esta experiencia también merece ser debidamente relatada. Y en cuanto a este tema del soroche, debo confesar que no pude escapar de el pero tampoco fue demasiado violento, sólo un buen dolor de cabeza y algo de mareo al llegar. Después de una buena noche de sueño todo volvió a la normalidad.
1. RN, LREM y LFI son las siglas de los tres principales partidos de Francia. RN (Rassemblement National), el partido de extrema derecha encarnado por Marine Le Pen, LREM (La République en Marche), el partido de centro-derecha del presidente Emmanuel Macron y La France Insoumise, el partido de orientación socialdemócrata de Jean-Luc Mélenchon.
2. Tesis VII de Benjamin, Walter. Sobre el concepto de historia. 1942.
3. Thompson, Edward Palmer. La formación de la clase obrera inglesa, 1963.
Fotos en desorden







































































Comentarios